Esta cosa a todas las cosas devora.

Texto de Malcolm Pollack, publicado en Motus Mentis el 9 de marzo del 2019.

En Christianity and Culture (1949), T.S. Eliot escribió esto sobre el liberalismo:

…es algo que tiende a soltar energía más que a acumularla, a relajar en vez de fortificar. Es un movimiento no tanto definido por su fin como por su punto de partida; lejos de -en vez de hacia- algo definitivo. Nuestro punto de partida es más real para nosotros que nuestro destino y el destino probablemente presenta una imagen muy diferente una vez llegamos a él, desde la figura más vaga formada por la imaginación. Al sustituir instrucción por educación, promoviendo astucia en lugar de sabiduría, al arribista en vez de al calificado, generando una noción de avance cuya alternativa es la apatía sin esperanzas, el liberalismo puede preparar el camino para lo que es su propio negativo: lo artificial, mecanizado o brutalizado control que es el remedio apremiante para su propio caos.

Cuando uno estudia a la Izquierda desde cualquier ángulo, desde adentro y desde afuera, tanto en su manifestación histórica como en su actuar presente, cancelando así las particularidades sociales y humanas, emerge su característica esencial -lo que podríamos llamar su «carácter principal«-, se esclarece y llama nuestra atención. Esa característica, esa esencia, es la entropía: la implacable tendencia de los sistemas ordenados a caerse, ceder al caos, agotar sus fuentes de energía, decaer, descomponerse y corroerse.

El orden es diferencia. Son las inequidades, gradientes, distinciones. Es esto de aquí siendo disímil a eso de allá de un modo que ofrece potencial para el movimiento, para la acción, para el labor. El orden es, según Eliot, la acumulación de energía, como el calor del sol levanta colina arriba el agua de lluvia que, fluyendo de nuevo hacia abajo, potencia los caces de un molino. La entropía es lo que hace que el agua acabe abajo tarde o temprano; la energía soltada y gastada. La entropía es lo que reduce montañas a polvo y lo que hace pudrirse a los cadáveres. Cuando algo de algún modo se levanta, la entropía, tarde o temprano, lo hará colapsar.

El orden es la diferencia eléctrica entre un hombre y una mujer que mueve el dínamo de la vida y la regeneración. La entropía es aquello que busca, en estos tiempos moribundos, hacer a los sexos lo mismo. El orden es una comunidad diversa de naciones y culturas, en homeostasis individual, pero con mil puntos de diferencia, y gradientes de activos y necesidades que hacen posible una red infinitamente compleja de relaciones e intercambios mutuamente productivos. La entropía son fronteras abiertas e inmigración masiva. La entropía es lo que degolla a las naciones y a las culturas para hervirlas juntas en una hoya.

Es solamente porque existen algunas cosas elevadas y otras cosas bajas que uno puede aspirar a algo. El orden, al preservar las diferencias, es lo que nos permite estirar nuestras almas.

La entropía nivela, aplana, difumina, desinfla y destruye. Es el enemigo implacable de todo lo que es superior, especial, notorio, excepcional y distintivo. Busca, sin descanso, hacer todo igual a todo lo demás. Es la muerte de calor del universo.

El izquierdismo es entropía.

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