Reflexiones en torno a un poema.

Albarda va a transformarse en el año por venir. Sin revelar demasiado, puedo decir que es la apertura de su mejor momento, una edad de oro si se quiere. Estos tres años de divulgación me llenan de inmenso orgullo. Nuestro trabajo en Albarda no es el más leído ni el mejor que pudiera ser, pero es el mejor que pudimos generar con los recursos a disposición nuestra.

Este siempre fue un proyecto de pasión. En varias ocasiones desvié mi atención y energías de mis responsabilidades académicas para tener aunque sea un texto al mes, fuese mío o ajeno, y todo sin mayor compensación que saberme colaborador en una gesta más grande que yo, más grande que un blog incluso.

En tres años mi pensamiento cambió radicalmente en muchos puntos. Cuando inicié el proyecto, era mucho más libertario y mi vida social estaba intacta. El precio que pagué por mis ideas es nimio ante todos sus frutos, pues ahora un mejor mundo me cobija. Nunca sobra agradecer a todos los amigos que nos ayudaron y que estoy seguro seguirán haciéndolo.

Es curioso, sí, que pasados tres años de haber fundado esta empresa nunca me digné en reproducir el poema que le da nombre. La Albarda de Pablo Antonio Cuadra resonó conmigo a un nivel preternatural cuando en una madrugada lo interioricé tras topármelo. Vale la pena reflexionar ante estos versos para dar perspectiva de los objetivos que buscamos.

La belleza de la vieja Nicaragua, o de su viejo cadáver si somos fatalistas, es una que no podemos olvidar. La poesía nos caracteriza a los nicaragüenses y por eso, porque la compartimos con los que nos precedieron, es que posee un gigantesco potencial reaccionario.

La poesía nicaragüense nos habla en una inmensa pluralidad de voces sobre los mismos anhelos, las mismas angustias, que a través de los siglos como pueblo nos formaron y deformaron. Tendrá un lugar más presente en el futuro de este proyecto, lo prometemos.

Gracias por leer y recomendar a Albarda este año.

—R.


ALBARDA

Por Pablo Antonio Cuadra

Soy mi memoria.
Piel errante,
subsistiendo entre mi último balido
Y mi eterna obligación de partir.
Yo
Doña Albarda
Mariposa inválida de mi forma
sobreviviendo al sueño y al tropel.

Toro en mi torso
-con mis cuernos en vacío
como una antigua furia que se cubre de olvido.

Novillo en mi piel
-deseo limítrofe en mis cascos perdidos
como un antiguo cansando que no llega al recuerdo.

Buey en mi cuero
-testículos arrancados a la sucesión
conjugando solteramente mi amor con la carreta
como una vieja madera conyugal quemada por el viento.

Yo
Doña Albarda
Vaca en mi soledad y piel
-con mis fervientes ubres excluidas de la sed
con el candor de mis pupilas hundidas bajo los ríos
con mi antigua maternidad creciendo bajo los árboles.

Yo
con mi linaje
con mi bandera de muertos
repitiendo el deseo de horizonte
caminando
eternamente sonando el tambor de mi piel
como la luna.
Caminando sobre la llanura estúpida y fangosa
caminando
sobre la abierta senda pisoteada
caminando
bajo la lluvia torrendal y lacrimosa
caminando
bajo la garúa susurrante
caminando
bajo el sol insolente y fogonero
caminando
entre la música metal de los lecheros
caminando
tras de la tarde herida bajo el ala
caminando
tras de la noche
caminando
tras de la muerte,
de nuevo caminando…

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