¿Dónde está la ultraderecha?

No olvides nunca que los menos fascistas de entre los fascistas también son fascistas.

José «Chepe» Medina, creo yo

La palabra «ultraderecha» entró al discurso nacional una vez más gracias a Manuel Díaz, quien desde su plataforma, Bacanalnica, decidió preguntar a un montón de liberales en Twitter qué era ese temido ente. Yo participé en esa discusión y salí decepcionado porque quería hablar sobre la verdadera derecha radical de Nicaragua, y lo que encontré fue que ultraderecha significa anti-sandinismo maleducado para la izquierda, mientras que los liberales creen que nunca existió.

Pero sí, en Nicaragua hubo ultraderecha y en la medida en que este sitio existe, la hay muy a los costados de la carretera discursiva pautada por medios y personalidades prestigiosas. La ultraderecha es la derecha que va a la base de todos los problemas nacionales, mucho antes de nacido el sandinismo, y pretende darle al pueblo no libertad, sino orden, autenticidad y religiosidad.

La ultraderecha, si tomamos el término de buena fe, significa la Nicaragua tradicional y es revelador que tal sea el término que utilizan para referirse a ella. Cuando dicen odiar la ultraderecha, dicen con disimulo que te odian a vos, nicaragüense promedio.

Pero no podemos tomar el término como una palabra neutral, como un término honesto para describir la realidad. Esta palabra fue decididamente ingeniada por el periodismo y la academia para estigmatizar posturas derechistas por muy moderadas que fueran. No puedo llamarme yo ultraderechista si también así se llaman los libertarios de libre mercado. Simplemente no pueden ser lo mismo quienes luchan contra el Estado y quienes luchamos para conquistarlo, reformarlo.

Ultraderecha es un término vacío creado para asustar y estigmatizar a la disidencia, una palabra que une posturas opuestas, enemigas históricas, en una coalición inexistente, para desprestigiar unas con las características de otras. Así los liberales son llamados fascistas, aunque sean anti-estatistas; así los reaccionarios son llamados capitalistas salvajes, aunque aboguen por paternalismo y Doctrina Social de la Iglesia.

Habrá espacio para criticar a la derecha en las redes. Por ahora, basta con decir que considero y debería tratar de moderar a ciertos individuos soeces, que debería dejar el miedo y definir una doctrina propia, que debería estudiar los fallos de los regímenes liberales y los éxitos del autoritarismo, incluso del comunismo, para aplicarlo en su toma del poder. También debería cuestionarse más el papel de Estados Unidos en nuestra historia y acontecer político.

En fin, debe transformarse para el poder. Deben crecerle alas hoy para afilar sus colmillos mañana porque cuando lo hizo al revés fue aplastada. Y aunque muchos crean que hay somocistas a la vuelta de la esquina, fuera de Twitter, la realidad de Nicaragua es otra: ninguna facción derechista sobrevivió a 1979.

Todo centro de poder remotamente interesado en corregir las consecuencias de la barbarie izquierdista fue destruido por el sandinismo. Hablar contra la ultraderecha en estas condiciones es equivalente a azotar un caballo muerto y pone en peligro a quienes estamos dentro del país haciendo un esfuerzo por conservar lo poco que podemos.

Y ese es el objetivo de la palabra y la infusión del miedo, como han hecho varios:

¿Tiene la ultraderecha un ejército de ONGs a su servicio?, ¿tiene la ultraderecha siempre un espacio ante los medios?, ¿dónde está el partido de la ultraderecha?, ¿dónde está la Articulación de Movimientos Sociales ultraderechistas y el Soros conservador? Nada de eso existe, sino una asimetría de poder obscena que la izquierda domina tanto dentro como fuera del país, por lo que la ultraderecha es un fantasma, un espectro con que la izquierda más radical azuza a temer para apropiarse de Nicaragua.

En Nicaragua, el yugo sandinista, aunque no comunista como otrora, tampoco defiende un modelo conservador, sino que se queda en una forma híbrida entre liberal y chavista. Sólo con la definición ampliada y sin sentido de «ultraderecha» puede algo así llamarse derechista, librándose de culpa la izquierda internacional.

Cuando el sandinismo colapse, si es que pasa, habrá facciones «ultraderechistas», lo que es decir apenas derechistas en realidad, buscando el poder, algo natural dadas las características del pueblo de Nicaragua, pero estas no tienen el país regalado como insisten los viejóvenes paniqueados porque va a revivir Somoza, dicen.

Los que están organizados en el extranjero y reciben toda clase de apoyo del Departamento de Estado, del Congreso gringo y filantropías de magnates especuladores, judíos sin escrúpulos, no son precisamente lectores de Albarda, ni defensores de la Vanguardia nicaragüense, ni mucho menos votantes de CxL, pues.

Pero estoy seguro de que saben quién es Chepe Medina y ya le apartaron un puesto en el futuro Ministerio contra el odio y la discriminación de la «Nueva Nicaragua», desde donde podrá censurar este humilde blog.

Pero no guardamos rencor. Nosotros haríamos lo mismo. ; )

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