Un análisis crítico de la ideología de Kenichi Ohmae.

Kenichi Ohmae habla desde el privilegio primermundista cuando expone las bondades de la economía globalizada en su «Nuevo Escenario Global». Sus tres ejemplos, China, Finlandia e Irlanda, están alejados de la realidad de una nación como la nicaragüense. Pero más que alejados de la realidad de nuestro país, esos ejemplos de Ohmae sólo pueden demostrar que generan un bienestar puramente egoísta, sin considerar la integridad nacional o el bienestar colectivo de los casos finlandés e irlandés, y malinterpretando lo que ha significado el caso chino para la nación de los Han.

Nicaragua ha visto cómo la globalización acabó con sus pocas industrias y la forzó a un modelo de producción de explotación de materias primas mientras desarrolla su economía paralela de servicios ligados a la tecnología. En el ámbito global, los beneficiarios finales de estas dos economías que residen en Nicaragua son los países del llamado «primer mundo», mientras el nuestro se hunde en la irrelevancia como poco más que un granero y una mina con capacidad de alojar maquilas y Call Centers.

Para que los actores del escenario global puedan vivir su éxito deben estar sometidas decenas de naciones a un estilo de vida subdesarrollado y al gobierno de facciones entreguistas sin escrúpulos. La estrategia que utilizan para crear consenso es divulgar discursos engañosos que quedan evidentes en el propio texto que reseño:

Otro de los errores que los políticos suelen cometer es el de intervenir en la economía, hecho que suelen atribuir a razones de seguridad. Por ejemplo, la razón por la cual los consumidores japoneses pagan muy caro el arroz que podría importarse a precios menores es evitar que la población japonesa pase hambre si en el futuro sucediese algo y quedasen cortados los suministros procedentes del exterior. A pesar de las escasas posibilidades de que este escenario de futuro pesimista se cumpla, la seguridad alimentaria es una excusa que los políticos esgrimen a la hora de conceder subsidios al sector agrícola, que costean los propios contribuyentes. [1] (énfasis mío)

No existe fundamento para pensar que el orden globalizado es particularmente resiliente y la situación de pandemia ha probado cuán frágil es en realidad. Ohmae se declara enemigo de los Estados-nación que intentan proteger a sus ciudadanos de posibles desastres o ataques exteriores y todo porque, a su ver, «frenan el desarrollo económico». [2] Aquí es donde deberíamos preguntarnos si es el desarrollo económico más importante que la persistencia de una nación en la historia, pero pienso que esa es una falsa dicotomía.

Un sistema alternativo

A partir de los postulados del economista alemán Friedrich List, podemos formular una política económica próspera y al mismo tiempo compatible con la misión del Estado-nación: proteger a la nación. La obra de List ejerció una influencia muy importante en los países que a mediados del siglo XIX buscaban industrializarse y no rezagarse frente a los más avanzados. List creía que el interés nacional debía prevalecer sobre el individual. Planteó a la economía nacional como el eslabón entre la economía cosmopolita del mundo globalizado y la egoísta del individuo, y a las ideas del libre comercio del economista inglés Adam Smith las identificó como armas contra naciones no desarrolladas.

Esta doctrina de liberalización ha «sido utilizada por los ministros ingleses para echar tierra a los ojos de otras naciones, en provecho de Inglaterra», escribe List en Sistema nacional de economía política. [3] List reconoce en su obra que la ley y la acción estatal es capaz de crear fuerzas productivas y no cae en ningún sectarismo, alegando que «en la vida de las naciones como en la de los individuos existen contra las ilusiones de la ideología dos vigorosos medicamentos: la experiencia y la necesidad». [4]

Las fuerzas productivas y el proteccionismo son instrumentos para salvaguardar la independencia de la nación, no para suplir los placeres carnales a corto plazo. La tesis de Ohmae, tan parecida a la de Smith, posee las mismas fallas que List señaló de este último:

…un cosmopolitismo incongruente, que ni reconoce la naturaleza de la nacionalidad ni tiene en cuenta la satisfacción de sus intereses; en segundo término, de un materialismo inerte que advierte de modo principal el valor en cambio de las cosas, sin tener en cuenta los intereses espirituales y políticos, presentes y futuros, y las fuerzas productivas de la nación; en tercer término, de un particularismo y un individualismo desorganizadores, que ignorando la naturaleza del trabajo social y la eficacia de la agrupación de energías […] sólo presenta la industria privada tal como se desarrollaría en libre tráfico con la sociedad; es decir, con la humanidad entera, si ésta no estuviese diversificada en varias sociedades nacionales.

Puede parecer impresionante que estas teorías permanezcan estáticas en los discursos, sin mostrar más desarrollo aparente que la instrumentalización de nuevas tecnologías, pero hay que tener en cuenta que, como señalé antes, son ideas diseñadas para someter a los países no desarrollados cuyas élites adoptan, esperanzados por emular a los países industrializados, sin entender las razones históricas de su industrialización, a como expuso List:

Una nación que con sus medidas protectoras y restricciones a la navegación ha desarrollado su energía manufacturera y su flota de tal modo que ninguna otra nación puede atreverse a competir libremente con ella, no puede hacer cosa más sensata que destruir estas escalas que han dado acceso a su grandeza, predicar a otras naciones las ventajas de la libertad comercial, y declararse arrepentida, por haber seguido hasta entonces la senda del error, y haber emprendido sólo ahora el camino de la verdad. [6]

Esta es la realidad del «nuevo» escenario global: no es nada nuevo, al menos en su formulafción. Se trata de ideas que han estado circulando únicamente por la presión geopolítica de las naciones superiores que han llevado la batuta no sólo de la industrialización, sino también del más reciente proceso de globalización. Pocos son los países que han podido escapar de este escenario que se ha venido gestando desde los días del Imperio Británico. Así, un país no desarrollado tiene pocas opciones.

Los dos caminos

Existe la opción del aislamiento. Como dice Ohmae, «es imposible impedir el flujo de información que se transmite por Internet», y como señala el teórico político británico, C. A. Bond, internet provee a los grandes poderes de «plataformas de organización que los regímenes» enemigos no pueden controlar, [7] entonces algunos simplemente han optado por apagar internet, cerrar sus países y perder la llave, como hizo Corea del Norte.

La otra opción es la toma agresiva de agencia. El caso chino es el que se cita por excelencia. Desarrollado industrialmente por una vanguardia marxista-leninista y puestos en marcha sus masivas cantidades de recursos con las reformas de Deng, la nación comunista se impuso en el mercado global, trabajando con los poderes occidentales sin quedar desposeída ni desprotegida, incluso en el reino anárquico que Ohmae cree que es internet.

El Estado-nación chino cada vez se hace más fuerte, con sus fronteras bien definidas y su autoritario modelo de organización funcionando como una pieza de relojería, lo que parece dar más la razón a List que a Ohmae, pero no es un camino que cualquiera pueda tomar. Nicaragua tiene escasa población, su poca capacidad industrial es de propiedad extranjera o paga dividendos a otras naciones, y sus recursos se venden en un mercado inundado. Si Nicaragua deja de comercia con Estados Unidos o Europa, apenas y lo sentirán, pero el país quedará devastado a razón de su extrema dependencia.

Hacia otra economía nicaragüense

Esto no es algo que deba tomarse a la ligera. La economía nicaragüense se ha formado para suplir las necesidades de otros países primero y luego las de los nacionales, y por eso una transformación resultaría compleja, peligrosa, pero no imposible. ¿Qué es esto sino una existencia colonial? Una humillación y sometimiento no vistas ni bajo los más entreguistas gobernantes del somocismo tardío.

Una reestructuración de la economía nicaragüense, dirigida por un Estado fuerte, libre y durable, dejaría en ridículo a Ohmae, rasgando el telón del «nuevo escenario global» para probar de una vez por todas la grandeza de la nación desencadenada de los ídolos de los economistas y eruditos serviles al extranjero.

Si bien los últimos intentos de naciones proletarias (Italia, Alemania) de zafarse de las garras del poderío capitalista recibieron arremetidas con crueldad nunca antes vista, el mundo moderno ve a las potencias aliadas debilitadas, con contradicciones irreconciliables y problemas domésticos incapacitantes.

Guerra tras guerra la pierden y aún así quieren guerra total. Yo digo que se las demos.

Anotaciones y referencias.

1. Ohmae, K. (2005). The Next Global Stage: The Challenges and Opportunities in Our Borderless World. Pennsylvania, EE. UU.: Wharton School Publishing.

2. Ibid.

3. List, F. (1841). Sistema nacional de economía política. México DF, México: Fondo de Cultura Económica, 1997. p. 83

4. Ibid. p. 92

5. Ibid. p. 251

6. Ibid. pp. 413-414

7. Bond, C. A. (2020). Némesis: el modelo jouveneliano contra el modelo liberal de los órdenes humanos. Perth, Australia: Imperium Press. p. 150

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