Falsos liberados.

Me parece que una frase dicha por Ortega en su discurso de celebración del 40 aniversario del 19 de Julio, me ayudaría a definir de qué se trata esto: “Cristo Salvador de los pobres”. La Teología de la liberación no es más que una forma de interpretar las Escrituras desde la perspectiva de los pobres, los oprimidos, los necesitados y las partes marginadas de la sociedad. Basa su interpretación bíblica, no desde la Biblia misma, sino desde la situación actual. Esta Teología nace en los años 60, impulsada por sacerdotes católicos romanos en Latinoamérica. Dejemos que uno de sus fundadores, Leonardo Boff, nos ilustre; él dice:

[La Teología de la Liberación es la] reflexión crítica a la luz de la experiencia cristiana de fe sobre la praxis de los hombres y las mujeres, principalmente los cristianos, con vistas a una liberación integral de los seres humanos.

Bajemos este concepto a la tierra ahora. Lo que Boff propone es que esta teología se basa en la reflexión de la experiencia en base a la práctica cristiana (praxis), es decir, se basa en la realidad de que en los países Latinoamericanos hay mucha pobreza, por tanto, el cristiano, como buen discípulo de Cristo es llamado a ayudar a aquellos que le necesiten y así liberarles de algún modo de la marginación y miseria. Para los teólogos de la liberación, la teología comienza con la percepción de Dios moviéndose en la historia y comprometiéndose con su acción liberadora.

Según, Pablo Deiros, para los liberacionistas, la historia debe ser comprendida a través de la lucha de clases y algunos llegan a concluir que la Iglesia siempre ha sido clasista y tiende a favorecer siempre a la parte explotadora, lo cual es una exageración tremenda.

Ahora, ¿es bíblica la teología de la liberación?

La Teología de la Liberación parece ser muy razonable, pues viene disfrazada bajo un ideal de amor y de ayuda al prójimo, pero en realidad distorsiona la verdad del Evangelio. Este tipo de pensar ha llevado a Ortega a decir que “Cristo es el Salvador de los pobres”, ha llevado a que Hugo Chávez dijera: “bienaventurado los pobres dijo mi Señor nuestro… porque de ellos será mi reino, el reino de los cielos”, “cuando dijo Cristo más fácil será que un camello entre en el ojo de una aguja a que un rico entre en el reino de los cielos, es claro su mensaje, es con los pobres el compromiso…”. Es más, recuerdo que un día en el canal 4 estaban dando un reportaje sobre la ofensiva final. En una escena, Ernesto Cardenal se encontraba dando una misa en la montaña, y en una intervención un tipo dijo: “Yo creo que Cristo fue el primer revolucionario”. Por último, en la celebración del 19 de Julio en la plaza, sonó una canción que decía “Son 40 años de lucha, así como Israel luchó 40 años cruzando un desierto para entrar a una tierra mejor”, esta misma idea también fue plasmada por el Padre Antonio Castro, “hoy estamos celebrando 40 años… y el número 40 es un número muy importante, nos remite a la Biblia, 40 años pasó el pueblo de Moisés a través del desierto, sabemos que significa el desierto, hambre, sed, agresiones, persecución… pero el desierto hermanos es una etapa de transición… es transitar a algo nuevo, a una tierra donde fluye leche y miel…”. Castro celebra básicamente la idea de una “Pascua de Liberación”. Pero hay que cuestionarnos, ¿son realmente bíblicas estas afirmaciones?

Para dar respuesta a ello, debo de decirles que el escritor de este ensayo es un protestante que defiende la hermenéutica del Sensus Literalis, (ie., del sentido literal). Mi manera de interpreta las Escrituras es literal−histórico−gramatical. Me baso en examinar, tanto el contexto, histórico, literario y gramatical de un pasaje. De entrada, y a manera simple, mi respuesta a la pregunta antes planteada es un rotundo: ¡NO! Ninguna de estas afirmaciones son del todo bíblicas. Desglosaré una a una, dando una respuesta teológica y bíblica.

«Cristo, el salvador de los pobres bienaventurados que heredarán el Reino de los Cielos»

Aquí traté de combinar las frases de Hugo y de Daniel, y creo que eso es lo mejor que pudo salir. En fin. Ambos aluden al pasaje de Lucas 6:20, donde el Maestro dice: “Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios”. Realmente no falta ser un exégeta profesional o un erudito bíblico para entender que estos tipos están sacando fuera de contexto este pasaje. Por supuesto que Cristo no hacía referencia a pobres en el sentido material, sino en el sentido espiritual, basta con comparar el mismo texto en el Evangelio de Mateo:

“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mt 5:1).

Claro está que Cristo vino por los pobres espirituales, por los humildes que reconocen que en ellos mora la insuficiencia espiritual para poder alcanzar la tan gloriosa salvación. Cristo salva a aquellos pobres de espíritu, aquellos de corazón humillado que saben que dentro de ellos no existe nada que los pueda hacer meritorios de ganar el don de Cristo. Así que si, el presidente tiene razón, Cristo es el Salvador de los pobres, pero de espíritu.

«¿Es más fácil que un camello entre en el ojo de una aguja a que un rico entre en el reino de los cielos?»

Para entender esto, tenemos nuevamente que entender el contexto. Este verso lo encontramos en el Evangelio de Mateo, dice el Señor: “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios” (Mt 19:23–24). Antes de esto, Jesús se encontraba hablando con un joven rico que se le acercó a preguntarle: “Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?” A lo que Cristo responde: “si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos”. Finalmente, Mateo nos relata: “El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones” (Mt 19:20–22). Esta última parte nos ayuda a entender la afirmación mal dicha por Chávez. Jesús acá no está diciendo que ningún rico podrá heredar la vida eterna, sino que los ricos con el corazón como el de ese joven, no pueden, pues su corazón está apegado a las riquezas, y como dice el apóstol Pablo, la raíz de todos los males es el amor al dinero (1 Tim 6:10) y además no podemos servir a Dios y a las riquezas (Lc 16:13). Tener riquezas no está prohibido en las Escrituras, pues a lo largo de ellas vemos a personas ricas que se han salvado y han sido de un agrado a Dios. J.C. Ryle comenta sobre este pasaje:

La Biblia nos da una prueba tras otra de esto [el Espíritu Santo puede guiar al hombre más rico a salvarse]. Abraham era muy rico y, sin embargo, fue el Padre de los fieles; Moisés podría haber sido un príncipe o un rey en Egipto, pero dejó su brillante futuro por Aquel que es invisible; Job era el hombre más rico del Oriente y, sin embargo, fue un siervo predilecto de Dios; David, Josafat, Josías y Ezequías fueron todos ellos monarcas muy ricos, pero amaron el favor de Dios más que sus grandezas terrenales. Todos estos casos nos muestran que “no hay nada que sea difícil para el Señor”, y que la fe puede crecer aun en el más improbable de los terrenos.

Esto por supuesto no nos deja afirmar que el compromiso de Cristo era solamente con los pobres. Pues el día de su muerte, dos hombres con gran poder y riquezas llegaron a recoger el cuerpo de Jesús para darle una digna sepultura, Nicodemo y José de Arimatea (Jn 19:38–39).

Realmente, Cristo no fue ningún revolucionario. Más bien, Cristo vino a poner en su lugar a aquellos que querían hacer revolución de la Ley de Dios. Es decir, a medida que el pueblo de Israel se desarrollaba, fueron imponiendo reglas de hombres en vez de cumplir verdaderamente la Ley de Dios. Cristo mismo exhorta diciendo que honran en vano a Dios enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres (Mt 15:9). Los fariseos, escribas y demás escuelas teológicas de la época, habían hecho de la Ley un desorden total, le imponían cosas que Dios nunca había mandado.

Si leemos claramente el sermón del monte, encontraremos que Cristo está dando solución a la revolución impuesta por los doctores de la Ley. Muchas de sus afirmaciones empiezan diciendo: “Oísteis que fue dicho” (Mt 5:21, 27, 31), bien dice Cristo, “oísteis”, pero no era así, simplemente los doctores habían malinterpretado la Ley, era un error grave y ahora Cristo venía a dar solución a ello, dando las verdaderas interpretaciones de la Ley de Dios

La mayoría de los teólogos de la liberación continuamente estarán aludiendo al Éxodo para apoyar sus ideas de que los pueblos necesitan ser liberados de la opresión, de la pobreza, etc. Sin embargo, nuevamente, entendiendo el contexto de esa liberación y ese pasar por el desierto nos ayudará a tener un panorama claro de la situación y entenderemos que ni por cerca es aplicable a los que estas personas dicen.

En primer lugar, Dios, desde que hizo el pacto con Abraham, ya había advertido que el pueblo sería oprimido 400 años (Gn 15:13). Además, como bien dice Francisco Lacueva: “Si el pueblo de Israel no hubiese quebrantado la ley de Dios, nunca habría sido esclavo de nadie. Y, precisamente cuando estaban bajo el dominio del poder romano, se atrevieron a replicar a Jesús: «Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie» (Jn. 8:33)” . Por otro lado, Israel por su desobediencia, pasó 40 años en el desierto, el mismo Dios, de manera airada dice a su pueblo: “todos los que vieron mi gloria y mis señales que he hecho en Egipto y en el desierto, y me han tentado ya diez veces, y no han oído mi voz, no verán la tierra de la cual juré a sus padres; no, ninguno de los que me han irritado la verá” (Nm 14.22–23). Dios mató a toda esa generación de israelitas por ser desobedientes, solo la segunda generación después del Éxodo es la que entró a la tierra prometida. Su castigo por su altivez fue pasar tanto tiempo en el desierto, viaje que simplemente les hubiera tomado unos días.

Entiendo esto, se hace imposible aplicar los 40 años del desierto a celebrar 40 años de la revolución. Por ningún lado encuentro aplicación alguna, a menos que quieran celebrar estar desobedeciendo a la Ley de Dios por 40 años. Los teólogos de la liberación siempre buscarán cómo interpretar la Escritura no desde ella misma, sino desde una situación en específico.

Vemos, entonces, cómo la Teología de la Liberación distorsiona la verdad del Evangelio, enfocándose primero en un punto político–social, no mirando lo espiritual. Fijándose en los pobres, pero no en los pobres espirituales, fijándose en la liberación del Éxodo de manera política, pero no en la liberación espiritual, ahora representada en Cristo, pues Él nos libera de la esclavitud del pecado.

Daña la imagen del verdadero Cristo, mostrándolo como “el primer socialista”. Lo cual no es así, pues fue Judas quién en realidad era socialista. En una escena narrada en los Evangelios, María, hermana de Lázaro, derrama sobre los pies de Jesús esencia de nardo puro, una fragancia muy cara de la época, Judas observando el hecho dice: “¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres? (Jn 12.5–6)”. Un socialista definitivamente repudiaría la respuesta de Jesús: “Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto. Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis” (Jn 12.7–8). Queda demostrado entonces que Jesús no fue ningún socialista, más bien, otros personajes con malas intenciones como Judas, estarían hoy en día de acuerdo con esa idea.

Por supuesto, el gobierno de Ortega va de la mano con la Teología de la Liberación, pues ésta soporta bien las ideas comunistas y socialistas. Pero a como he tratado de demostrar, es antibíblico pensar que este tipo teología es correcta, ya que atenta contra la verdad de Dios. Ortega, habiendo perdido el domino sobre el catolicismo, ahora mediante el sector protestante puede impulsar esta teología, y claro está que esto causaría mucho daño a la Iglesia.

Además, filosóficamente podrían impulsar sus ideas a través del sector educativo en materia religiosa, creando así una generación de niños, adolescentes y jóvenes creciendo con esas ideas y, por supuesto, consolidándolas a través de ellos.

Finalmente, el gran mal de la teología de la liberación, radica en que no hace caso del dilema real de la humanidad: el pecado. Cualesquier cambios que provea para el presente, descuida el más allá. Y si los defensores de este pensamiento religioso moderno aceptan algo del concepto de pecado y de la ira divina, la liberación viene por la obediencia a la ley. La liberación por los esfuerzos y valía propios, sin embargo, deja al hombre todavía condenado eternamente.

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