Eugenesia y humanidad.

El tema de la eugenesia lo he contemplado muchas veces con cierta fascinación. Lo veo como una forma de acercarnos a ese ideal transhumanista / divino de perfección sin abandonar del todo nuestra humanidad, que es falibilidad encarnada y serendipia. El hecho de que el ideal transhumanista nos priva de este componente humano y que la divinidad es, nos guste o no, imposible de alcanzar, nos deja únicamente con la opción «tradicional», si se le puede aplicar ese nombre, de aspirar al mejoramiento colectivo. Podemos decir que se trata de apuntar alto, sabiendo que no se puede tocar el cielo, pero queriendo un buen puesto de cualquier forma. Así la puedo entender yo espiritualmente, al menos. Hablemos concretamente, sí.

Cualquier idea de eugenesia debe partir de un meme algo controvertido en nuestra era. Tal meme es la posición anti-igualitaria y esencialista, es decir, la idea de que existen sustanciales diferencias entre los seres humanos, diferencias que se expresan en individuos y, a nivel general, en grupos también y que pueden ser explicadas, parcial o totalmente, por la biología moderna y, por tanto, atribuibles a los procesos evolutivos que moldearon a nuestra especie. Estos grupos pueden llamarse de muchos modos, representar distintas dimensiones de diferencia y comunmente llegan a solaparse; razas, etnias, géneros, sexos, etc.

Sólo formular la posición da mala espina a cualquier persona normal, pero esto es de sentido común, supongo. Es una realidad que todos somos capaces de percibir todos los días y hay su ciencia detrás. Pero tomémoslo, por un momento, como idea solamente y no como hecho, y botemos dos ideas que nos serán, sin duda, obstáculo.

Primero: aceptar el meme anti-igualitario no es necesariamente tomar una posición de odio o una de fetiches raciales; aunque muchos toman ese camino, muchos otros no, y es preferible escuchar a quienes lo abordan con el rigor que debe ser abordado. Gente como Ryan Faulk, Jared Taylor, HBD chick, evolutionistx, Jean-François Gariépy, et al.

Segundo: sí, los nazis eran eugenistas, pero también estaban en contra del maltrato animal y eran ambientalistas de primera categoría. Que los nacional-socialistas hayan apoyado algo no lo hace automáticamente malo, ni tampoco te hacés partidario del nacional-socialismo por apoyarlo. Aparte, hay muchas formas de hacer praxis sobre un concepto y la praxis eugenista del nacional-socialismo puede estar en las antípodas de la eugenesia neo-reaccionaria, así como el ambientalismo nazi y el ambientalismo progresista tienen más diferencias que puntos de acuerdo.

Teniendo eso en cuenta, movámonos al propio concepto de eugenesia. La eugenesia es el ideal de perfeccionamiento humano llevado a cabo a través de la acción artificial. Es un concepto que, de no ser por la mala fama del nacional-socialismo, cualquiera vería con buenos ojos -y así fue en cierto tiempo de la historia-. Tan buenos ojos que algunos pensaban utilizar esos procesos para mejorar el estado de las razas menos favorecidas y elevarlas al nivel del hombre europeo de la época.

Nótese, sí, que he hablado de acción artificial, porque el mayor y más antiguo proceso de eugenesia que existe sigue en pie en los humanos de ciertas zonas y más en otras formas de vida. La propia evolución consiste en eso, un perfeccionamiento de las criaturas a su entorno. Los métodos artificiales que separan a la eugenesia de la selección natural vendrían siendo las leyes, los controles estatales, los cuales podemos argumentar como provenientes de tendencias de comportamiento humano casi universales, por tanto, igualmente «naturales» en el sentido moderno de la palabra.

Los humanos hemos practicado eugenesia y disgenesia en otros seres vivos múltiples veces. A este proceso que nos dio perros con olfato potente o fuerza descomunal, plantas que dan más y mejor fruto y caballos más veloces y resistentes, le llamamos «evolución dirigida»; está dirigida a objetivos concretos, sí. Queremos que nuestros animales nos sirvan mejor, queremos que nuestras plantas nos den más fruto. ¿Qué hay de malo en querer vecinos más inteligentes para nuestros hijos más civilizables?

Los más religiosos dirán que nosotros somos distintos de los animales en esencia y que tratar de moldear al hombre a ese nivel es algo obsceno. Esa idea, desde mi perspectiva atea, la intento ver filosóficamente, pero presenciar cada vez más el resultado de la anti-eugenesia moderna, indudablemente degenerada del proyecto ético-social del cristianismo -cuidar a los desprotegidos y a la vida sin importar qué-, más me convenzo de que animales sí somos; (parte de) lo que nos hace distintos es la capacidad de abandonar esa condición, a través del auto-mejoramiento para los más lúcidos y a través de la fuerza y la legislación para los adormilados.

La anti-eugenesia moderna tienen sus bases en el concepto de los derechos humanos, esencia intangible que, aunque inexistente sin pistolas respaldando, es de algún modo «inalienable» y «universal». Las diferencias con el concepto cristiano del alma son pocas y esto es porque los derechos humanos son una versión degenerada del ánima, siguiendo el patrón de secularización de la teología cristiana que el protestantismo americano inició entre el s. XVIII y el s. XX.

En lo personal, preferiría vivir en una sociedad con almas en vez de derechos humanos, pero de tener la opción, rechazaría a ambos como ethos verdadero del gobierno. Bien quedan en el vulgo como mitos para apaciguar ciertas pasiones -el alma, como vemos, sirve mejor a este propósito-, pero tener reyes sacerdotes, al menos de esta religión en particular, es una receta para el desastre; es la receta de nuestro desastre.

Tanto el leninismo como el bio-leninismo, aparte de ser formas de generar y mover lealtad, están fundamentados sobre estas ideas universalistas. Las trituradoras de CI igualmente son fenómenos de ahí derivados. Desde un análisis formalista del poder, todos estos procesos son consecuencia de la separación de poderes, de un centro de poder atacando al elemento conservador de la sociedad para así tener vía libre y centralizar más su poder. La cuestión es que este nivel de disgenesia no tiene precedentes en la historia humana. Por como está el mundo, es mucho más probable que ocurra un colapso catastrófico antes de que cualquiera de los centros de poder logre alcanzar hegemonía sin necesidad de repetir los horrores del s. XX.

Este tuit de Nick Land lo sumariza muy bien:

«Claramente existe un umbral en el proceso disgénico después del cual cualquier cosa, aparte del fascismo, es simplemente demasiado complicada.»

De eso hablo cuando digo que nosotros somos un pueblo dictatorial.

Resumiendo: la eugenesia como tal no es más que el vector de la naturaleza que empuja a todos los seres vivos a adaptarse a su entorno o morir –la teología de Gnon-, dirigido por los humanos, a través del Estado, para adaptar a la población general al proceso de civilización -la praxis de Gnon-, que es algo bueno generalmente (si no sos de la Kaczynski gang o derivados, claro está). La disgenesia es el proceso opuesto, utilizar esta fuerza para seleccionar individuos incapaces de sostener una civilización, ya sea por baja inteligencia, impulsividad, tendencias sociopáticas o todas las anteriores combinadas.

En Occidente, la corriente actual es disgénica porque así le es útil a varios centros de poder en un intento de absorber al resto de centros, es justificada a través de ideologías universalistas cimentadas en ontología liberal, sistemas de creencias que niegan la evolución en humanos en distintos grados, niegan las diferencias apreciables y manejan conceptos etéreos del alma, la escatología, el pecado, etc. heredados del cristianismo, que en vez de mantener la moral de la sociedad, la corroen hasta el tuétano. Este proceso disgénico se ha salido de control y va a llegar un punto, tarde o temprano, donde el propio ente disgénico colapsará. Lo hará con tanta fuerza que volverá imposible cualquier intento de revivir a la civilización occidental.

¿Qué se hace, entonces, cuando las presiones evolutivas que permiten la civilización están siendo artificialmente canceladas por el Poder? Bueno, es difícil de imaginar para nosotros los criollos. En los países de primer mundo, los movimientos nacionalistas llaman a la natalidad; que los europeos, de alto y heredable CI, con buenas costumbres y capital social y económico, tengan tantos hijos como se pueda, que hagan casas castillo y esperen a que caiga todo ahorrando. Básicamente el hacete digno… de Moldbug. ¿Podemos hacer eso en Nicaragua, donde quedamos a medio civilizar allá por 1821 y donde, desde entonces, hemos saboteado cada intento de terminar el proceso? Suena difícil, pero tal vez imposible no.

Primero tendríamos que lograr centralizar el poder acá. Aunque no parezca, aún con Ortega y su partido, no lo está lo suficiente. Existe demasiadas cuotas de poder en ciertas oenegés, incluso después de desmanteladas; en instituciones independientes al poder; entra mucho de afuera, lo que nos condiciona a pensar cómo los -poderosos- de afuera -quieren- y los capitalistas tienen demasiada influencia. De querer utilizarla, podrían incluso sacarnos de la crisis, con algún costo.

Centralizar el poder no es suficiente, claro, pero ayuda mucho al siguiente paso: establecer una autoridad coherente que sea capaz de cerrar las puertas, limpiar el desastre y dejar claro, con formalidad, quién es el hombre fuerte. Poner las instituciones religiosas aprobadas por esta autoridad como los vigías de la educación, siendo él mismo y su guardia los custodios; cortar los tentáculos de la clase capitalista hasta donde sea seguro, acaso dándoles títulos de nobleza a cambio de su dinero y estableciendo regulaciones que eviten a los mercaderes desestabilizar al poder, y acabar independizando al país de forma real, tanto económica como cultural y espiritualmente. El retorno a España, a la brevedad, es un sueño, y este modelo, con uno que otro retoque, es probablemente la mejor salida.

Así esta autoridad, al ver lo necesario que es el proceso civilizador para concretar una vida siginificativa y segura para sus súbditos, lo que a su vez implica una vida significativa y segura para él y su clan, acabará con el proceso disgénico y lo revertirá en un par de décadas, tratará de traer al país la mayor cantidad de gente de alto y heredable CI, con buenas costumbres y mucho capital social y capacidad de crear capital económico, que tengan tantos hijos como se pueda (en la práctica van a ser todos eurodescendientes despreciados por los gobiernos disgénicos de sus países de origen, y tal vez uno que otro asiático), para ponerles de ejemplo y para asimilarlos al tejido social nicaragüense (¿o centroamericano?).

La cuestión moral sigue ahí, sí. Me parece que la idea de una disgenesia por cuestiones morales no es inherentemente maligna. Viene de un buen lugar. A lo mejor esto sea por mi propia crianza cristiana y puede que el soberano no lo vea así, lo cual respetaré, pero considero que un cierto nivel de atención debe dársele a los desahuciados, a los que no son inteligentes, a los que están discapacitados. Esta atención tal vez se dé a cambio de coartar su natalidad, lo que quita de la mesa, para alivio mío y de muchos, la opción del genocidio. O puede que la mera fuerza o sabiduría del soberano los pueda organizar de un modo que nos evite cargas demasiado pesadas.

Realmente no lo sé, todo esto asume que tenemos dentro de nuestro país gente lo suficientemente digna como para alzarse al poder y llevar acabo este proceso. Lo que sí sé es que la gente bruta o discapacitada vive mejor en sociedades civilizadas que en sociedades salvajes, lo que es un muy buen argumento a favor de la construcción de las primeras, para ellos al menos.

A largo plazo, en una sociedad ordenada, todos viven bien, o al menos no viven tan mal como en el caos que caracteriza nuestra era.

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